¿Por qué la caída de la fecundidad en México merece una segunda mirada?

2026-10-08 11:59:29 - MUNDO

Saber cuántos hijos tiene, en promedio, una mujer a lo largo de su vida reproductiva va más allá de una curiosidad demográfica. De ese número depende, años después, cuántas vacunas habrá que comprar, cuántas aulas se necesitarán, cuántas maestras de primaria habrá que formar y cuántos trabajadores sostendrán las pensiones de los adultos mayores de entonces. Cada nacimiento de hoy es una fila que alguna institución tendrá que atender mañana. Calcular mal esas cifras —por exceso o por defecto— tiene a la larga, un costo.

Por eso, algunos resultados de la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 provocan inquietud. Si la fecundidad mexicana hubiera descendido a 1.2 hijos por mujer, estaríamos ante un cambio muy rápido. Las preguntas aparecen de inmediato: qué ocurrirá con el envejecimiento, la fuerza de trabajo, las pensiones o el tamaño futuro de la población. Todas son preguntas legítimas. Pero antes de responderlas conviene formular otra, quizá más importante: ¿qué tan grande es realmente la caída que estamos observando?

La fecundidad mexicana está disminuyendo, eso no está en duda. Lo que merece una lectura más cuidadosa es su magnitud y, sobre todo, la velocidad del descenso. Cuando una cifra cambia rápido, es recomendable examinar cómo fue construida. La duda, en ese caso, se vuelve parte del resultado. Este texto pretende funcionar como una pequeña dosis de ansiolítico metodológico. Busca proponer algo más sencillo: antes de construir una narrativa un tanto alarmista sobre el futuro del país, hay que revisar qué está midiendo la EIC, cómo lo hizo y con qué método.

México dispone de distintas fuentes para medir la fecundidad. La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) utiliza un método directo. A cada mujer se le pregunta su historia reproductiva: en qué mes y año nació cada uno de sus hijos. Con esas historias es posible reconstruir los nacimientos ocurridos en determinados años y calcular las tasas de fecundidad correspondientes a cada grupo de edad. La información procede, además, de la propia mujer.

El Censo y la Encuesta Intercensal utilizan un procedimiento diferente. Preguntan cuántos hijos ha tenido una mujer y cuándo nació el más reciente. A partir de esa información se estima indirectamente cómo se distribuyeron los nacimientos entre los distintos grupos de edad. Una fuente observa la historia reproductiva completa; la otra debe reconstruir una parte de ella. A esto se añade una segunda diferencia, independiente del método de estimación: quién proporciona la información.

En la ENADID cada mujer responde sobre su propia historia. En el Censo y la Encuesta Intercensal, una persona puede proporcionar la información de todos los integrantes de la vivienda. Puede conocer perfectamente la edad, escolaridad o parentesco de quienes viven allí y, sin embargo, no recordar con igual precisión cuántos hijos ha tenido otra mujer del hogar o cuándo ocurrió su nacimiento más reciente

Por tanto, se reconocen dos problemas: uno corresponde a la forma de estimar la fecundidad y otro al conocimiento que tiene quien responde. Ninguno invalida por sí mismo una encuesta. Pero ambos importan cuando queremos interpretar diferencias pequeñas o caídas extraordinariamente grandes.

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Fuente: google.com
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